domingo, 28 de junio de 2009

POSTMODENIDAD


A mediados de la década de los setenta encontramos en escena el cuestionamiento de los metarrelatos, quiebre de paradigmas, agotamiento de los mapas cognitivos, rechazo crítico del moderno racionalismo, la muerte del sujeto; éstas son sólo algunas de las señas con que se intenta describir la progresiva pérdida de fe en la eficacia y suficiencia de los registros existentes de interpretación de la sociedad y la historia. Hay, sin duda, un “tono postmoderno” dominando la escena.
Este fenómeno postmoderno puede ser enfocado de dos maneras distintas: una, como categoría espiritual, es decir se trataría de un concepto metahistórico. Toda época tendría su postmodernismo, así como todo período del arte tiene su manierismo, y hasta ambos conceptos podrían ser equivalentes. El postmoderno sería una relectura del proceso moderno y, como lo ha señalado Jean–Francois Lyotard, “con seguridad forma parte de lo moderno”. De tal modo, “una obra no puede convertirse en moderna si, en principio, no es ya postmoderna. El postmodernismo así entendido no es el fin del modernismo sino su estado naciente, y este estado es constante[1]”. En consecuencia, el postmodernismo así concebido no tiene una marcación cronológica, no se refiere a una época determinada, no establece una periodización.
La otra manera de entender el postmodernismo es adjudicándole una relación cronológica, sucediendo al modernismo. Vale decir que se trataría de un nuevo proceso histórico, a partir del moderno. Señala un cambio de expectativas históricas y culturales basado en una transformación de los valores sustentados en el proyecto moderno. Pierden vigencia determinados aspectos y acentos y surgen otros que privilegian una nueva percepción de la realidad. Quien defiende esta postura es Jean Baudrillard, “particularizando el momento postmoderno, como un modo nuevo, ‘esquizofrénico’ de espacio y tiempo[2]”.
Esta segunda acepción del fenómeno postmoderno va unida a la crisis de los sistemas totalizadores, a su descentración y a una heterogénea amplitud en el campo de las significaciones. La postmodernidad se presenta más bien como una antimodernidad. Es, de algún modo, su oposición o su antítesis.
En un libro ya clásico sobre el tema, Lyotard afirma que “nuestra hipótesis de trabajo es que el saber cambie de estatuto al mismo tiempo en que las sociedades entran en la edad llamada postindustrial y las culturas en la edad postmoderna[3]”.
En el plano de la letra y el signo confluyen variables específicas como la fuerte presencia del lenguaje en las discusiones filosóficas contemporáneas, el abandono del estructuralismo, las crisis de las ideologías, el centro ausente, la desterritorialización, el descentramiento del lenguaje, y el auge y consolidación de lo que se ha dado en llamar la “ciudad virtual[4]”. La misma conceptualización que reconoce en las sociedades contemporáneas el avance de un proceso de virtualización y mediatización –vinculado a un estadio de la cultura en la cual los procesos de designación y de significación se subordinan a la lógica significante-, bien puede ser apuntada como una interpretación plausible de la “crisis de representación” que afecta hoy a las ciencias sociales.
En América Latina, en la década del 70, la producción artístico-literaria se ve sumergida en el contexto anteriormente señalado. Los escritores y artistas, en general “postmodernos”, confrontan su obra con el mundo de la comunicación. Por eso se ha señalado, acertadamente, que en la edad postmoderna “el problema del arte ya no es siquiera aquel -moderno- de la relación con la reproducción técnica. Es, en cambio, la constatación de que lo nuevo, lo real, la experiencia, pasan a priori a través de las redes de la comunicación y que, por ende, ya no existen más –en sentido estricto- ni lo nuevo, ni lo real, ni la experiencia. Este evento es inédito y quizás el único nombre que se le puede dar verdaderamente es postmoderno[5]”.
[1] LYOTARD, Jean-Francois: La postmodernidad (explicada a los niños). Barcelona, Gedisa, 1999, p. 23.
[2] FOSTER, Hal: The anti-aesthetic: essays on postmodern culture. Barcelona, Kairós, 1986, p.7.
[3] LYOTARD, Jean-Francois: La condición postmoderna. Madrid, Cátedra, 1998, p. 13.
[4] CUADRA, Alvaro: De la ciudad letrada a la ciudad virtual. Santiago, LOM, 2003.
[5] FERRARIS, Mauricio: “Postmoderno”, en Revista de estética. Buenos Aires. 5-6 (1987): 37.

2 comentarios:

  1. jojo está bueno, pero presiento que mañana no tendré suerte en la prueba como lo tuve con las otras dos....

    Creo que estoy pasando por esa crisis, no quiero ser un mero reproductor de algo viejo, quiero innovar, pero antes aprender lo viejo, pero ya hay tanto hecho, es difícil......

    Profee que me hace setir mal, me provoca dudas existenciales....jojojo si me pongo depresivo ya tengo a quien culpar...( solo bromeo, un poco)

    chaoo suerte mañana

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  2. Un chino pasando por la crisis de la representación.... algo nunca antes visto, tomaré asiento y observaré en qué consiste, en una de esas las hormonas se mezclan con las neuronas y sale algo creativo.


    nos vemos

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